Marginalidad
La realidad de la marginalidad es más dura de lo que cuentan, de lo que aspiran a creer aquellos desalmados que nunca la han vivido. Acaso, ¿las personas que tienen a muchas personas a su lado aguantarían una semana junto a la soledad y el vacío de una persona marginal?
¿Cuánto durarían en esa situación? Los retaría a ello sin pensarlo, y sé que más de uno no soportaría la soledad.
¿Cuántos no teníamos con quién compartir nuestros secretos de niños, nuestros temores, nuestras ilusiones o incluso conversaciones mundanas? Más de los que la sociedad piensa.
Pero los marginados hemos aprendido a ser invisibles por nuestro bien, por traumas y por varios motivos más que la sociedad nos ha hecho creer que tenemos por no encajar en ella.
El mundo actual está más conectado que nunca gracias a las redes sociales y, sin embargo, ¿cuántos suicidios por soledad? ¿Cuántas personas vagan solas por las calles intentando mantener una conversación de «buenos días» o «buenas tardes», acompañada de una sonrisa que oculta el dolor del alma, para calmar, aunque sea por un día, ese ansiado momento en el que, por un instante, dejas de ser invisible para todos y eres visible para una persona, aunque solo sean unos segundos de reloj?
¿Cuántos no encajamos en la sociedad por reglas impuestas por las personas populares?
Ahora todos quieren ser influencers, tiktokers, etc. Pero ¿para qué? Acaso, ¿lo bonito de la visibilidad como creador de contenido no es crear contenido para aquellas personas que se sienten solas, como una vez se sintió ese creador de contenido? Y ya sin hablar del contenido que actualmente existe y se crea: contenido de baja calidad que solo sirve para hacer scroll y atontarse una y otra vez.
¿No debería la sociedad ayudarse a través de un medio tan potente como son las redes sociales, en lugar de utilizarlas únicamente para mirar por el bolsillo propio, por el capital y por lo económico?
En un mundo donde todos quieren ser famosos, tener infinidad de cosas materiales, etc., me podrán llamar estúpido, pero yo quiero ser de los que ayudan a otras personas a salir adelante, sin beneficio alguno, solo por bondad y por creer en el «ser».
Porque a todos nos llega la hora de decir «adiós», y yo no quiero una lápida grandiosa, ni llena de decoraciones de oro, ni una urna bella. Yo quiero que quienes me conociesen sepan que se va de esta realidad que llamamos mundo un ser que dio todo cuanto pudo por hacer la vida algo más llevadera, ya fuera mediante acciones o mediante escritos.
José Manuel Bernal López