sábado, 8 de agosto de 2026

«Marginalidad»

 Marginalidad 

La realidad de la marginalidad es más dura de lo que cuentan, de lo que aspiran a creer aquellos desalmados que nunca la han vivido. Acaso, ¿las personas que tienen a muchas personas a su lado aguantarían una semana junto a la soledad y el vacío de una persona marginal?

¿Cuánto durarían en esa situación? Los retaría a ello sin pensarlo, y sé que más de uno no soportaría la soledad. 

¿Cuántos no teníamos con quién compartir nuestros secretos de niños, nuestros temores, nuestras ilusiones o incluso conversaciones mundanas? Más de los que la sociedad piensa. 

Pero los marginados hemos aprendido a ser invisibles por nuestro bien, por traumas y por varios motivos más que la sociedad nos ha hecho creer que tenemos por no encajar en ella. 

El mundo actual está más conectado que nunca gracias a las redes sociales y, sin embargo, ¿cuántos suicidios por soledad? ¿Cuántas personas vagan solas por las calles intentando mantener una conversación de «buenos días» o «buenas tardes», acompañada de una sonrisa que oculta el dolor del alma, para calmar, aunque sea por un día, ese ansiado momento en el que, por un instante, dejas de ser invisible para todos y eres visible para una persona, aunque solo sean unos segundos de reloj? 

¿Cuántos no encajamos en la sociedad por reglas impuestas por las personas populares? 

Ahora todos quieren ser influencers, tiktokers, etc. Pero ¿para qué? Acaso, ¿lo bonito de la visibilidad como creador de contenido no es crear contenido para aquellas personas que se sienten solas, como una vez se sintió ese creador de contenido? Y ya sin hablar del contenido que actualmente existe y se crea: contenido de baja calidad que solo sirve para hacer scroll y atontarse una y otra vez. 

¿No debería la sociedad ayudarse a través de un medio tan potente como son las redes sociales, en lugar de utilizarlas únicamente para mirar por el bolsillo propio, por el capital y por lo económico? 

En un mundo donde todos quieren ser famosos, tener infinidad de cosas materiales, etc., me podrán llamar estúpido, pero yo quiero ser de los que ayudan a otras personas a salir adelante, sin beneficio alguno, solo por bondad y por creer en el «ser». 

Porque a todos nos llega la hora de decir «adiós», y yo no quiero una lápida grandiosa, ni llena de decoraciones de oro, ni una urna bella. Yo quiero que quienes me conociesen sepan que se va de esta realidad que llamamos mundo un ser que dio todo cuanto pudo por hacer la vida algo más llevadera, ya fuera mediante acciones o mediante escritos. 


José Manuel Bernal López

viernes, 31 de julio de 2026

¡Oh, pelirroja mía!

 ¡Oh, pelirroja mía! 

Lo bello a veces es doloroso pero, ¿cuánto nos perderíamos por no intentarlo? ¿Es acaso un crimen luchar por lo más bello que has visto en tu vida? 

En mi caso, jamás dejaré de luchar, de honrar a mi corazón, tan amante del amor como de mi mujer: hermosa, pelirroja y tenaz. Será que llevo sangrando toda la vida para que ella pueda teñir su melena. Si es así, sangraré de por vida para que pueda seguir haciéndolo. 

Si no, ¿qué significado tendría el amor si no fuera darlo todo por una persona, por tu persona? Porque todos tenemos a esa persona ahí fuera, en el mundo. Quizá crees que es de otro país, de otra religión; quizá vive en la calle contigua a la tuya. 

Quizá crees que tiene los ojos de otro color y te equivocas. Yo creía que miraría al cielo y, sin embargo, estoy embriagado de café a cada rato. Con orgullo pienso en todos mis errores, porque fueron ellos los que me llevaron hasta ella, incluso en el momento inadecuado, para que el universo encontrara el instante en el que nos fundiríamos para siempre. 

Amaré una y otra vez si, al despertar, la tengo a mi lado, durmiendo con sus rizos rozando sus hombros, con su cara de ángel. Un pequeño ángel que me regaló el cielo y al que jamás traicionaré ni dejaré caer.

Como comentaba, ¿qué es el amor sino lo más importante de la vida? ¿La razón de ser? 

¡Oh! ¿Cuánta bondad me habrá dado el amor, Señor? ¿Cuántas veces moriría por amor? Mil y una, si hiciera falta, y siempre sumaría una ocasión más, por si acaso mi querida peligrara. 

Fiel creyente en el amor desde pequeño, y hasta anciano lo seguiré siendo, porque mi alma solo morirá cuando ella ya no esté, aunque yo siga de cuerpo presente. 

¡Oh, pelirroja mía! No sabes cuántas veces te soñé; no sabes cuántas veces te vi en mis mejores presagios o en mis mejores sueños. Gracias a la vida por dar tantas vueltas y hacernos coincidir de nuevo. 

José Manuel Bernal López

jueves, 23 de julio de 2026

«¿Por qué siempre debo tirar la toalla conmigo mismo?»

 «¿Por qué siempre debo tirar la toalla conmigo mismo?» 

 ¿Por qué? ¿Por qué siempre he sido rechazado? ¿Qué hice mal? ¿Qué hay de malo en mí? 

 A veces me pregunto si existe otra vida; otra vida en la que fui una persona horrible y ahora estoy pagando todos los pecados de ese «ser» que, en esta vida, jamás sería. 

Desde pequeño juego solo. Me refugio en mi burbuja, aunque a veces me entran ganas de llorar y hacerla estallar; de gritar para que todos escuchen el dolor que guardo en mis entrañas. Pero no soy capaz. ¿Seré un cobarde por ello? 

¿Por qué dejo que todos me vejen, me insulten y difundan calumnias sobre mí sin hacer nada real para remediarlo? ¿De verdad fui tan buena persona ayer y tan mala persona hoy? ¿Puede ese «ser» ser tan irresponsable o, acaso, soy yo quien lo es? 

Mis demonios me piden que haga estallar todo, pero silencio sus voces para que nadie se sienta mal, excepto yo mismo. Yo mismo soporto, cada día, un maltrato verbal que acaba hiriéndome mentalmente por parte de aquellos monstruos que desean verme muerto o convertido en una mala persona. Y eso me lleva a la siguiente cuestión: «¿Debería estar muerto o, en el fondo, soy una mala persona? ¿Por qué por la mañana me aman y por la noche me odian?» 

Riego cada día flores marchitas dentro de mi mente y de mi corazón, y ninguna llega a echar raíces fuertes. ¿Debería tirar la toalla? ¿Debería dejar de regar estas flores que no quieren crecer en mi alma ni en mi mente? ¿Debería rendirme conmigo mismo? 

Y la pregunta clave es: «¿Por qué siempre debo tirar la toalla conmigo mismo?». Acaso, ¿las demás personas no tienen monstruos? ¿No son también malas personas que fingen no serlo? 

¿Cuántos saludos diarios serán una muestra de falsedad? ¿Cuántos esconden a auténticos orcos tras una sonrisa? ¿Por qué me lo pregunto yo, si siempre actúo de buena fe? ¿Es, acaso, una señal de que quizá las bestias carecen de conciencia emocional? 

Y cuán triste sería vivir en una sociedad formada por personas que cuestionan cada acto que realizan, preguntándose si obraron lo suficientemente bien, mientras otras no se cuestionan absolutamente nada: ni el bien ni el mal de sus acciones. ¿Permitiría ese «ser» omnipresente que la vida fuera así de triste?

Cada vez me planteo con más frecuencia que todo ser humano está solo y perdido en este universo lleno de aristas y de bestias; en un mundo donde el solo de un piano triste parece envolver cada vida. 

Sin embargo, he hablado tanto de la «fe» que me pregunto: ¿cómo quedaría mi alma si no le concediera una oportunidad más? Un día más para la esperanza y una noche más para creer en la virtud del «ser».

José Manuel Bernal López

lunes, 20 de julio de 2026

El alivio y la lucha

 El alivio y la lucha. 

¿Qué es más hermoso que el silencio? Recuerdo de pequeño solo relajarme por las noches, cuando todos dormían, y yo me mantenía en pie para escuchar ese simple, bello y fugaz sonido del silencio.

En aquellas sombrías noches donde los niños de mi edad tenían miedo, para mí, era un alivio. El alivio de un niño que vomitaba por las mañanas al ir al colegio por pánico, el alivio de un niño que se encerraba en su habitación, la cual convertía en burbuja para sentirse mejor.

El alivio de un niño que aunque lo vejaran en el colegio y sufriera seguía hacía delante sin decir ni pizca de palabra para no preocupar a nadie. ¿Cuánto sufrimiento se hubiera ahorrado aquel niño si no se hubiera callado? 

Sin embargo, en esta sociedad enseñan a callarse, a silenciarse, a no dejarse defender con el don de la palabra. Enseñan a que si gritas lo que te está ocurriendo eres un débil o un chivato. ¡Qué pena! Qué pena de pensamiento social tenemos inculcado en pleno S.XXI. 

Me pregunto cuántos pobres niños y niñas sufren igual o más que yo en su infancia y en su adolescencia. Qué tropelía, qué atropello ante aquellos seres que solo buscan encontrarse a ellos mismos aunque sus gustos no formen parte de la caja. 

¿Qué caja? La caja social en la que nos quieren lobotomizar a todos y que todos seamos iguales, pero ¿Qué hay más preciado que una sociedad y personas con diferentes visiones de la realidad? ¿Por qué querer que todos seamos fotocopias? Es por miedo. 

«¿Miedo a qué?» me preguntarán: Miedo a lo distinto, a lo diferente, a lo nuevo, a lo adverso e infinidad de sinónimos de lo innovador y de las ganas de cambio, de las ganas de búsqueda de nuevas formas y caminos de una mejor sociedad, sin tanto suicidio, sin tanta víctima provocada, sin tanta falta de valores y derechos. Con un grito hacía la paz y hacia la libertad sin miedo a la opresión. 


José Manuel Bernal López

domingo, 19 de julio de 2026

¿Por qué no morí ese día ensangrentado?

                                     ¿Por qué no morí ese día ensangrentado?


No morir aquel día es una pregunta que me suelo hacer con demasiada frecuencia,

¿Me salvó mi ser de luz Judith? ¿Me salvó Dios? ¿Me salvé a mí mismo sin

quererlo? Sin ningún tipo de preámbulo la respuesta es: «No lo sé».


A veces tampoco quiero saber porque no fue como todo predestinó a ser y mi

destino se torció a favor de mi alma, quizá no quisiera saber que hubiera sido de

Judith sin mí, de mis seres queridos ante tal pérdida, ¿Quién sabe? o mejor dicho;

¿Quién diablos sabe? ¿Por qué los ángeles de mis hombros ganaron una batalla de

una guerra que llevaban perdiendo tantos años?


Sinceramente, creo que ni ellos saben cómo ganaron esa batalla tan feroz con arcos

sin flechas y contra monstruos de lava. ¿Quién pudiera ser Dios para saber lo que

ocurrió aquel día para no perecer?


A fin de cuentas mis ángeles siguen en mis hombros y se van sumando otros mucho

más importantes y con más luz que el anterior irradiando mi alma interior por

completo de paz y amor.


¡Ay! Cuántos «gracias» y «te quiero» no dije, cuánto lamento cubrirá mi corazón y

mi ser por no decir las palabras que sentía por miedo. Que pena me da, que no me

doy; esos tiempos ya pasaron. Esas pesadillas y esa baja autoestima ya se está

esfumando.


Sin embargo, doy las gracias a todas aquellas personas que me llevaron al límite de

la pérdida de mi cordura y a la prisión de emociones de mi corazón debido a que

ellos me enseñaron a amar sin alma, sin corazón y sin respeto. Y por suerte, puedo

amar con alma, con corazón y con respeto a todos mis ahora seres queridos que

han luchado y demostrado deber tener un puesto en mi ser, debido a que deben

tener ese lugar.


Y con más cariño y amor doy las gracias a todos aquellos que aún sabiendo que

estoy roto, debido a que la recuperación es lenta y costosa en todos los ámbitos, me

apoyaron y estuvieron ahí para mí incluso cuando ni yo quería estar para mí.


José Manuel Bernal López.

«Marginalidad»

 Marginalidad  La realidad de la marginalidad es más dura de lo que cuentan, de lo que aspiran a creer aquellos desalmados que nunca la han...